La segunda edición del Informe Desoledad revela que cuatro de cada 10 personas mayores presentan un riesgo moderado de sufrir soledad no deseada. Señala, además que la falta de apoyos personales y de actividades significativas como factores asociados a una mayor vulnerabilidad.

La soledad no deseada no depende únicamente de vivir solo o de tener compañía. La calidad de las relaciones personales, la posibilidad de contar con alguien en momentos de necesidad y el sentimiento de pertenencia desempeñan un papel importante en el bienestar de las personas mayores.

Así lo refleja el Informe Desoledad 2026, elaborado por Fundación Verisure, que constata que el 25 % de las personas de 60 años o más se siente solo incluso cuando está acompañado. Además, más de la mitad de los encuestados (54 %) reconoce que le gustaría relacionarse más con otras personas, mientras que el 34 % considera que no dispone de suficientes personas con las que hablar.

Estos resultados forman parte de la segunda edición de un estudio que, tras analizar la realidad de la soledad no deseada, profundiza ahora en los factores que pueden contribuir a su prevención.

 

Cuatro de cada 10 mayores presentan un riesgo moderado

La investigación establece tres niveles de vulnerabilidad frente a la soledad no deseada. Según los datos recogidos, la mitad de las personas participantes presenta un riesgo bajo, el 42 % se sitúa en un nivel moderado y el 8 % alcanza un riesgo alto.

El grupo de riesgo moderado adquiere especial importancia desde una perspectiva preventiva, ya que representa a personas que todavía pueden conservar y fortalecer sus relaciones sociales, sus intereses personales y su capacidad para participar en diferentes actividades.

El informe destaca que la vulnerabilidad frente a la soledad no deseada no puede explicarse mediante una única circunstancia. En ella intervienen factores emocionales, económicos, personales y relacionales, así como el grado de autonomía de cada individuo.

 

Contar con alguien a quien acudir marca la diferencia

Uno de los aspectos en los que se observan mayores desigualdades es la existencia de una red de apoyo personal. 

Entre las personas con menor riesgo de soledad, el 69 % considera que dispone de suficientes personas a las que recurrir. Sin embargo, entre quienes presentan un riesgo elevado, este porcentaje cae hasta el 39 %.

En este último grupo, seis de cada 10 personas cuentan con una red de apoyo limitada o inexistente, lo que pone de relieve la relación entre la disponibilidad de vínculos personales y la vulnerabilidad frente a la soledad.

El estudio también analiza el papel de las actividades cotidianas. El 58 % de los participantes con riesgo bajo afirma realizar actividades que considera importantes o satisfactorias, un porcentaje que desciende al 23 % entre quienes se encuentran en situación de riesgo alto.

Aunque los resultados evidencian diferencias entre ambos grupos, la investigación precisa que se trata de asociaciones estadísticas y que no puede establecerse una relación directa de causa y efecto.

 

Sentirse parte de algo, más allá de participar en actividades

Otro de los aspectos abordados en Desoledad 2026 es el propósito vital, entendido como aquello que motiva a cada persona y le proporciona razones para mantener sus intereses, desarrollar experiencias y compartir momentos con los demás.

En este sentido, el 57 % de los encuestados considera que dedicar tiempo a actividades que le motivan contribuye positivamente a su bienestar. Asimismo, el 47 % asegura realizar actividades que tienen un significado especial en su vida.

Sin embargo, el porcentaje disminuye cuando se pregunta por el sentimiento de pertenencia: únicamente el 32 % afirma plenamente que las actividades en las que participa le hacen sentirse integrado en algo.

Esta diferencia apunta a una cuestión importante para abordar la soledad no deseada: no se trata exclusivamente de aumentar las oportunidades de participación social, sino también de favorecer experiencias que permitan establecer relaciones satisfactorias y duraderas.

Con esta nueva edición, la entidad busca avanzar en la identificación de oportunidades de prevención y promover formas de acompañamiento que contribuyan a preservar la autonomía, las relaciones personales y los proyectos de vida durante el envejecimiento.

Los datos del informe ponen de relieve que prevenir la soledad no deseada implica atender tanto a las relaciones que mantienen las personas mayores como a las oportunidades que encuentran para sentirse escuchadas, valoradas y parte de su entorno.

mayor de 60 años mirando por la ventana

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