En España, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), cada año se producen unos 90.000 nuevos casos de ictus y más de 23.000 personas fallecen por esta causa. Pero, además, más del 30% de quienes sobreviven queda con secuelas que provocan algún grado de discapacidad o dependencia, lo que convierte al ictus en la primera causa de dependencia en el país. Los expertos calculan que uno de cada cuatro españoles sufrirá un ictus a lo largo de su vida, y que, si no se refuerza la prevención, el número de casos podría seguir aumentando en las próximas décadas debido, sobre todo, al progresivo envejecimiento poblacional.
Reconocer los síntomas de un ictus y solicitar asistencia médica inmediata puede marcar una diferencia importante en la evolución de la persona afectada. Se trata de una urgencia sanitaria en la que cada minuto cuenta, ya que la interrupción del suministro de sangre a una zona del cerebro puede provocar daños neurológicos y comprometer funciones como el movimiento, el lenguaje o la memoria.
El Hospital Universitario Vall d'Hebron recuerda que existen señales de alerta que permiten sospechar que una persona está sufriendo un accidente cerebrovascular y que pueden identificarse mediante tres sencillas comprobaciones: observar la fuerza de los brazos, la simetría de la sonrisa y la capacidad para hablar.
Tres señales que pueden indicar que una persona está sufriendo un ictus
Los profesionales del Hospital Vall d'Hebron recomiendan prestar especial atención a tres manifestaciones que pueden aparecer de manera repentina.
1. Pérdida de fuerza en un brazo o una pierna
Una de las señales más características del ictus es la aparición súbita de debilidad o pérdida de movilidad en un lado del cuerpo.
Para identificarla, se puede pedir a la persona que levante los dos brazos al mismo tiempo. Si tiene dificultades para elevar uno de ellos, no puede mantenerlo levantado o presenta una pérdida evidente de fuerza, podría tratarse de un síntoma de ictus.
También puede aparecer debilidad en las piernas. En ese caso, y siempre que pueda hacerlo con seguridad, se puede pedir a la persona que se siente y trate de levantar ambos pies para comprobar si existe alguna diferencia de fuerza o movilidad.
2. Desviación de la boca al sonreír
Otra señal de alerta es la pérdida de simetría facial.
Pedir a la persona que sonría permite observar si una de las comisuras de los labios cae o si la boca se desvía hacia un lado.
Esta alteración puede indicar una parálisis facial relacionada con el ictus y, en ocasiones, acompañarse de sensaciones anormales, como hormigueo o pérdida de sensibilidad.
También pueden presentarse alteraciones repentinas de la visión, que deben considerarse una señal de alarma.
3. Dificultad para hablar o comprender
Los problemas repentinos de lenguaje son otro de los síntomas que pueden ayudar a reconocer un ictus.
Una forma de comprobarlos es formular preguntas sencillas, pedir a la persona que identifique un objeto o solicitarle que describa lo que está ocurriendo a su alrededor.
Si tiene dificultades para encontrar las palabras, pronuncia de forma incorrecta, cambia el orden de las sílabas, responde con frases incoherentes o no comprende las preguntas, podría estar experimentando una alteración neurológica.
Estas dificultades pueden aparecer incluso cuando la persona mantiene la movilidad y no presenta otros síntomas físicos evidentes.
Qué hacer ante la sospecha de un ictus
Ante cualquiera de estas señales, la principal recomendación es llamar inmediatamente al 112, sin esperar a comprobar si los síntomas desaparecen o mejoran.
Los expertos insisten en que el ictus requiere una intervención diagnóstica y terapéutica inmediata, puesto que el daño cerebral puede aumentar a medida que transcurre el tiempo.
Mientras llegan los servicios de emergencia, es importante mantener a la persona tranquila, evitar esfuerzos y seguir las indicaciones del personal sanitario.
Si pierde el conocimiento, pero continúa respirando con normalidad, debe colocarse en posición lateral de seguridad. Si no respira normalmente, hay que informar al 112 e iniciar las maniobras de reanimación siguiendo sus instrucciones.
Tampoco deben administrarse medicamentos por iniciativa propia, ya que el tratamiento dependerá del tipo de ictus y de la valoración médica.
Asimismo, es recomendable recordar la hora a la que comenzaron los síntomas o, si se desconoce, el último momento en el que la persona se encontraba bien. Esta información puede resultar determinante para seleccionar las opciones terapéuticas.
Los especialistas aconsejan no trasladar al paciente por medios propios ni acudir primero al centro de salud, porque estas actuaciones pueden retrasar la atención especializada. La llamada a emergencias permite activar los circuitos asistenciales adecuados y orientar el traslado al hospital más indicado.