Según el Mapa de la soledad no deseada elaborado por el Teléfono dorado, las mujeres sufren con más intensidad situaciones de soledad no deseada. Siendo Madrid y Andalucía las comunidades que registran la mayoría de los casos en nuestro país.
Como refleja el citado documento, el fenómeno afecta con mayor intensidad a las mujeres, que representan el 55% de las personas que buscan apoyo, en muchos casos viudas o separadas. El análisis también relaciona la soledad con factores de convivencia y salud: la mayoría vive sola, una parte relevante declara limitaciones económicas, y aparecen con frecuencia dolencias persistentes, síntomas depresivos y ansiedad. Entre las demandas más repetidas figuran talleres, actividades, centros de día y espacios comunitarios que ayuden a reconstruir vínculos y a dejar de sentirse invisibles.
El Teléfono dorado, iniciativa de la Fundación Social Padre Ángel y Mensajeros de la Paz, ha elaborado el Mapa de la soledad no deseada en España a partir de los registros de su línea gratuita y confidencial (900 22 22 23). Creado hace 30 años, el servicio se ha consolidado como uno de los principales termómetros del aislamiento en el país: en estas tres décadas ha atendido más de 7,2 millones de llamadas, una base que permite dibujar por primera vez una radiografía territorial y social del fenómeno.
Desigualdad territorial de la soledad
El informe concluye que la soledad no deseada tiene un marcado componente geográfico, condicionado por la estructura demográfica, el estilo de vida urbano y la despoblación rural. La falta de espacios de encuentro, actividades sociales y redes comunitarias refuerza la sensación de invisibilidad y genera patrones diferentes según la comunidad autónoma.
Madrid (21,5 %) encabeza la proporción de casos registrados, asociada al ritmo acelerado, la movilidad y el anonimato de la gran ciudad, con impacto tanto en mayores que viven solos como en jóvenes recién llegados. Andalucía (19,7 %) concentra situaciones de aislamiento vinculadas a la combinación de amplias áreas rurales envejecidas y grandes núcleos urbanos con redes familiares frágiles. En el País Vasco (10,4 %), con una de las mayores esperanzas de vida de Europa, la soledad aparece ligada a la longevidad y a la pérdida progresiva de apoyos comunitarios tradicionales.
En la Comunidad Valenciana (10 %), el mapa detecta soledad tanto en personas mayores que viven solas como en población llegada de otras regiones que tarda en reconstruir vínculos. Galicia (3 %) y Castilla y León (4,8 %) reflejan el efecto de la despoblación: mayores que residen en pequeños municipios con servicios limitados, largas distancias y salida de población joven. En Cataluña (4,8 %) y Murcia (2,5 %) predomina un patrón urbano, con dificultades para construir relaciones estables en entornos de alta movilidad. Asturias (2,0 %) y Canarias (4,7 %) muestran el peso del territorio -dispersión, orografía e insularidad- en el aumento del aislamiento emocional.
El Teléfono dorado advierte, además, de un cambio de perfil: la soledad ya no es un problema exclusivo de la vejez. En 2024 crecen las llamadas de menores de 35 años, a menudo tras rupturas, mudanzas o pérdida de vínculos familiares, con la paradoja de la hiper conexión digital sin apoyo real cercano. Entre los 40 y 65 años, emerge una soledad “silenciosa” asociada a separaciones, precariedad laboral o la carga de cuidados. Los mayores de 65 siguen siendo el grupo más numeroso: el 64 % de quienes llaman vive solo y un 30 % afirma no recibir visitas en semanas.