Solo 1 de cada 4 mujeres mayores de 45 años confía en encontrar empleo

Con motivo del Día Internacional de la Mujer (8 de marzo), el Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo de la Fundación Adecco ha presentado su 13º informe #EmpleoParaTodas: la mujer en riesgo de exclusión en el mercado laboral.

El estudio, realizado con la colaboración de 16 empresas, analiza la situación de 450 mujeres en búsqueda activa de empleo que se encuentran en situación de vulnerabilidad: mujeres con discapacidad, mayores de 45 años desempleadas de larga duración, con responsabilidades familiares no compartidas (monoparentales) y víctimas de violencia de género.

Los datos se han contextualizado con el 15º informe AROPE sobre el Estado de la Pobreza y con estadísticas oficiales del INE y la Encuesta de Población Activa.

Aunque el informe aborda distintos perfiles, los datos revelan una realidad especialmente preocupante para las mujeres mayores de 45-50 años, que concentran algunos de los indicadores más críticos.

 

El desempleo se cronifica a partir de los 45

El 95% de las mujeres encuestadas señala el empleo como el principal factor para salir de la exclusión social.

Pero el informe insiste en un matiz importante: no cualquier empleo sirve. Debe tratarse de un trabajo estable, compatible con la conciliación, con condiciones laborales dignas y ajustado al perfil y expectativas. 

El desempleo de larga duración es especialmente grave entre las mujeres sénior.

  • El 62% de las mujeres mayores de 45 años en situación de vulnerabilidad lleva más de un año sin trabajo.
  • El 51% ha trabajado menos de cinco meses en los últimos dos años.

Esto significa que más de la mitad mantiene una relación muy débil y discontinua con el empleo.

La consecuencia es clara: cuanto más tiempo se permanece fuera del mercado laboral, más difícil resulta volver.

 

Más desempleo, más pobreza y más fragilidad laboral

En España, el 25,8% de la población está en riesgo de pobreza o exclusión social. Sin embargo, el porcentaje asciende al 26,8% en el caso de las mujeres, frente al 24,8% de los hombres.

Las mujeres:

  • Tienen una tasa de actividad del 54% (10 puntos menos que los hombres).
  • Representan el 53% de las personas desempleadas.
  • Solo suponen el 46% de la población ocupada.

Esta relación más frágil con el empleo se traduce en mayor vulnerabilidad económica, especialmente en etapas avanzadas de la vida laboral.

 

Solo 1 de cada 4 mujeres mayores de 45 años confía en encontrar empleo

Uno de los datos más alarmantes del informe es la baja confianza laboral.

En el conjunto de mujeres vulnerables, solo el 30% cree que encontrará un empleo sostenible este año. Pero entre las mujeres mayores de 45 años, el porcentaje cae al 25%.

Es decir, tres de cada cuatro mujeres sénior en situación vulnerable no confían en poder acceder a un trabajo estable.

Detrás de esta falta de confianza se encuentran:

  • Periodos prolongados de desempleo.
  • Edadismo en los procesos de selección.
  • Brecha digital.
  • Sensación de desconexión respecto al mercado laboral actual.

El 72% de las mujeres vulnerables considera que los prejuicios son una barrera importante para acceder al empleo. Pero en el caso de las mayores de 45 años, el dato se dispara hasta el 88,7%.

Es el porcentaje más alto de todos los perfiles analizados. Entre los estereotipos más habituales que denuncian una supuesta falta de competencias digitales, un perfil “obsoleto”, menor capacidad de adaptación y mayor coste laboral. 

Esta percepción de edadismo refuerza la pérdida de confianza y acelera la desconexión laboral.

 

Impacto directo en la economía y la salud mental

Las consecuencias del desempleo son profundas.

  • El 80% de las mujeres mayores de 45 años tiene dificultades para llegar a fin de mes.
  • El 85% afirma que el desempleo ha afectado a su salud mental.

La combinación de inestabilidad económica, sensación de rechazo y pérdida de autoestima genera un círculo difícil de romper.

 

La clave: acompañamiento individualizado

El informe concluye que las mujeres mayores de 45-50 años necesitan itinerarios de apoyo personalizados y sostenidos en el tiempo.

No basta con facilitar el acceso a una oferta puntual. Es necesario una orientación profesional adaptada, el refuerzo de competencias digitales, apoyo emocional y seguimiento tras la incorporación. 

Porque todas las mujeres, antes o después, alcanzarán la etapa sénior. Y prevenir la exclusión laboral a partir de los 45 no es solo una cuestión individual, sino estructural.

El reto ahora es compartido: administraciones públicas, empresas y tejido asociativo deben coordinar esfuerzos para evitar que la edad se convierta en un factor determinante de exclusión.

 

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