Ejercicio físico supervisado y suplementación nutricional

El envejecimiento biológico y la fragilidad no son procesos inevitables ni irreversibles. Un estudio liderado por Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA aporta nuevas evidencias de que ambos pueden modificarse mediante intervenciones basadas en ejercicio físico supervisado y suplementación nutricional. Los resultados acaban de publicarse en Aging Cell.

La investigación, desarrollada en personas mayores frágiles que viven en la comunidad, concluye que adoptar hábitos de vida saludables no solo mejora la condición física y funcional, sino que también impacta en los marcadores moleculares que reflejan cómo envejece realmente el organismo.

 

Envejecer no es solo cumplir años

El estudio parte de una idea clave: la edad cronológica no siempre coincide con la edad biológica. Esta última se define por los cambios moleculares y funcionales que experimenta el organismo y que pueden acelerarse o ralentizarse en función del estilo de vida.

La fragilidad, por su parte, es un síndrome geriátrico que se caracteriza por una mayor vulnerabilidad ante situaciones de estrés y que aumenta el riesgo de discapacidad, hospitalización y mortalidad. Se manifiesta a través de debilidad muscular, lentitud en la marcha, baja actividad física, fatiga y pérdida de peso involuntaria.

Sin embargo, los investigadores subrayan que la fragilidad es una condición potencialmente reversible y que constituye una fase intermedia entre el envejecimiento saludable y la discapacidad. El reto, hasta ahora, era demostrar con marcadores biológicos que los cambios en el estilo de vida pueden modificar ese proceso.

 

Un programa integral de ejercicio y nutrición

El ensayo clínico, controlado y aleatorizado, se desarrolló durante seis meses con 47 personas mayores de 70 años. Los participantes se dividieron en dos grupos: uno siguió la atención habitual y el otro realizó una intervención multidominio.

El grupo de intervención participó en un programa personalizado de ejercicio físico multicomponente -que incluía fuerza, resistencia, equilibrio y movilidad- tres veces por semana. Además, recibió diariamente un suplemento nutricional rico en proteínas, vitaminas y minerales.

Antes y después del programa se evaluaron parámetros clínicos, funcionales y nutricionales, junto con biomarcadores de envejecimiento biológico obtenidos a partir de muestras de sangre. Entre ellos se incluyeron los denominados “relojes epigenéticos” y estimaciones de la longitud de los telómeros mediante análisis de metilación del ADN.

 

Cambios medibles en el envejecimiento biológico

La doctora Mª Carmen Gómez Cabrera, una de las investigadoras principales, destaca que el estudio integra por primera vez en un contexto clínico real mejoras funcionales con biomarcadores moleculares del envejecimiento.

Según explica, los relojes epigenéticos utilizados -técnicas poco invasivas y sensibles a la intervención- permitieron detectar cambios cuantificables en la trayectoria del envejecimiento biológico en paralelo a la mejora clínica. Esto abre la puerta a evaluar con mayor precisión la eficacia de programas preventivos y a diseñar estrategias personalizadas para prolongar la autonomía y la calidad de vida en la vejez.

El trabajo demuestra, además, la viabilidad de este tipo de intervenciones no farmacológicas, seguras y adaptadas incluso en circunstancias complejas como la pandemia de COVID-19.

 

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