España continúa avanzando hacia una sociedad cada vez más longeva. Más de diez millones de personas tienen ya 65 años o más, una cifra que representa el 20,7 % de la población y que seguirá aumentando durante las próximas décadas. Sin embargo, el principal reto no es únicamente vivir más años, sino conseguir que esa mayor longevidad vaya acompañada de buena salud, autonomía y calidad de vida.
Así se desprende del informe Un perfil de las personas mayores en España, 2026, elaborado por el Departamento de Población del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IEGD-CSIC), que analiza las características demográficas, sanitarias, económicas y sociales de la población mayor española.
Según los datos recogidos en el estudio, a comienzos de 2025 España contaba con 10.178.625 personas de 65 años o más, unas 250.000 más que el año anterior. Las proyecciones apuntan a que este colectivo podría superar los 16 millones de personas en 2046, cuando representaría cerca del 30% de la población.
El aumento de la longevidad también se refleja en el número de personas centenarias, que pasó de 15.911 en 2024 a 17.038 en 2025, un crecimiento del 7,1 %. De ellas, aproximadamente ocho de cada diez son mujeres.
Vivir más años no siempre significa disfrutar de mejor salud
Uno de los datos más relevantes del informe es la diferencia entre la esperanza de vida y los años que se viven con buena salud.
Según los indicadores de Eurostat correspondientes a 2023, recogidos por el CSIC, la esperanza de vida saludable a partir de los 65 años se sitúa en 10,3 años para las mujeres y 10,2 años para los hombres.
Aunque estas cifras han mejorado respecto a 2022, todavía no han recuperado los niveles anteriores a la pandemia.
El estudio también señala que la percepción del estado de salud empeora progresivamente con la edad, mientras que los hombres suelen valorar su salud de manera algo más positiva que las mujeres.
Estos resultados ponen de manifiesto la necesidad de prestar especial atención a la prevención, el mantenimiento de la autonomía y la atención a las enfermedades crónicas.
El aumento de la población mayor no significa que todas las personas necesiten cuidados o presenten situaciones de dependencia. Sin embargo, sí exige adaptar los sistemas sanitarios y sociales a una población más numerosa y con necesidades diversas.
Las mujeres viven más, pero también afrontan mayores desigualdades
El envejecimiento en España presenta importantes diferencias entre hombres y mujeres
La mayor esperanza de vida femenina hace que las mujeres sean mayoría entre la población de edad avanzada, especialmente a partir de los 70 años. Esta diferencia también se refleja en las formas de convivencia. Alrededor del 30 % de las mujeres mayores vive sola, un porcentaje que prácticamente duplica el registrado entre los hombres.
En el ámbito económico, el informe señala que la brecha de género en las pensiones se ha reducido durante la última década, pasando del 32,5 % en 2016 al 27,3 % en 2025. Pese a esta evolución, las diferencias siguen siendo importantes y su reducción avanza a un ritmo inferior al de la media europea.
El CSIC relaciona parte de estas desigualdades con las menores oportunidades educativas y laborales que tuvieron las generaciones anteriores de mujeres, una circunstancia que continúa influyendo en sus ingresos durante la jubilación.
La combinación de una mayor longevidad, menores recursos económicos y una mayor probabilidad de vivir solas plantea necesidades específicas de protección social y apoyo.
La vivienda, otro de los desafíos del envejecimiento
Las condiciones de las viviendas constituyen otro de los aspectos analizados por el CSIC.
El informe revela que el 56,6 % de los hogares cuya persona de referencia tiene 65 años o más se encuentra en edificios construidos antes de 1981. Esta antigüedad puede plantear necesidades de adaptación y mejora, especialmente en materia de accesibilidad, confort y eficiencia energética.
Según los datos recogidos, el 20,7 % de estos hogares ha realizado actuaciones de eficiencia energética durante los últimos cinco años, mientras que otro 30,3 % considera que las necesita, pero todavía no las ha llevado a cabo.
Entre los propietarios que reconocen necesitar estas mejoras y no las han realizado, el 74,1 % señala el coste económico como principal obstáculo.
Estas cifras reflejan la importancia de facilitar actuaciones que permitan adaptar las viviendas a las necesidades de una población cada vez más longeva y favorecer la permanencia en el domicilio en condiciones adecuadas.
Preparar los servicios para una sociedad más longeva
Las conclusiones del informe del CSIC muestran que el envejecimiento de la población española no puede analizarse únicamente a partir del aumento del número de personas mayores.
Las condiciones de salud, la autonomía, los ingresos económicos, la convivencia, las características de la vivienda y el lugar de residencia son factores que ayudan a comprender las diferentes realidades de este grupo de población. En este escenario, la planificación de los recursos sanitarios y sociales deberá tener en cuenta tanto el crecimiento demográfico como las distintas necesidades que pueden aparecer a lo largo del envejecimiento.
La promoción de la salud, la prevención de la dependencia, la mejora de la accesibilidad y el apoyo a la autonomía personal se perfilan como ámbitos prioritarios para afrontar las próximas décadas.