Wafa El Elj

Víctima de la violencia de género, vive con una lesión medular

Primer plano de Wafa El Elj "No tengo miedo al mañana porque lo difícil ya ha pasado"

La vida de Wafa El Elj cambió para siempre en tan sólo un segundo. Hay un antes y un después en ella desde que su expareja la disparó. Es una víctima de la violencia de género. Tras la agresión, quedó en situación de discapacidad, con una tetraplejia que solo le permite mover la cabeza.

Wafa, que vive en la residencia de la Fundación Lesionado Medular (FLM), confiesa que se acuerda de su vida de antes y que la echa muchísimo de menos, pero también quiere que su caso sirva de ejemplo para aquellas mujeres que sufren maltrato en la actualidad.

“Puedo decir con seguridad que soy feliz”

“Antes no me valoraba porque esa persona me anuló tanto que yo ya no pensaba por mí misma, sino por él. Ahora mismo lo que quiero es mi felicidad y me valoro muchísimo más”, dice Wafa, orgullosa de sí misma.

El mundo se hundió a sus pies el día que los médicos le dijeron que no iba a poder moverse nunca más. Reconoce que nunca ha terminado de asimilar su situación y que, día tras día, lucha por aceptar su realidad.

A día de hoy, esa realidad está plagada de actividades y nuevos hobbies que Wafa ha ido descubriendo poco a poco y con el paso del tiempo. Toca en un grupo de batucada, pinta y juega a los dardos con la boca. “Con una adaptación puedo jugar perfectamente como cualquier otra persona. Igual para la pintura. Antes era malísima dibujando con las manos, pero una compañera me convenció para ir a dibujo por entretenimiento y he mejorado mucho”

“Al no poder caminar ni moverme, veo la vida desde otra perspectiva”

Además de estas actividades, va de compras, al cine o sale con amigos. Wafa, que lleva una vida independiente a nivel de horarios y de lo que decide hacer a diario, no imaginaba que pudiera tener esa libertad cuando llegó a la residencia en la que vive. Previamente, había pasado unos meses en el Hospital de Parapléjicos de Toledo, un lugar en el que, según Wafa, preparan a las personas con lesión medular y a sus familias a asumir esa lesión, pero no a afrontar el que va a ser su día a día. “Es una burbuja. Cuando salimos fuera es muy difícil, ahí nos encontramos con la realidad”, explica.

SÍ SE PUEDE

“Hay momentos en los que dudas de si se puede salir adelante, pero se puede. En mi caso, me ha ayudado muchísimo tener a mi familia desde el minuto cero conmigo. Eso es lo que fundamentalmente me ha ayudado a levantarme”, dice convencida, al tiempo que confiesa que también han sido muchos los momentos de flaqueza.

Wafa se muestra no obstante sorprendida de sí misma, de su capacidad para sobreponerse y salir de esa cama de hospital en la que despertó una mañana sin saber qué es lo que le había pasado y cómo había llegado hasta allí.

Durante todo este largo proceso, esta joven de 31 años ha aprendido a pensar de otra manera y a conocer su lado más humano. “Al no poder caminar ni moverme, veo la vida desde otra perspectiva”, afirma, al tiempo que asegura que relacionarse con otras personas con discapacidad le ha servido para contagiarse “de la fortaleza y del instinto de supervivencia” de muchas de ellas.

En este tiempo, Wafa ha tenido que aprender también a convivir con las miradas de la gente. Asegura que la silla eléctrica en la que se desplaza es una barrera que, en muchas ocasiones, la aleja de la gente con la que quiere relacionarse. “Hay personas que tienen miedo de acercarse a mí y hablarme, pero ni la silla ni yo mordemos”, se lamenta.

“Hay momentos en los que dudas de si se puede salir adelante, pero se puede”

Para evitar este tipo de situaciones, Wafa cree que es fundamental una mayor sensibilización de la sociedad para saber tratar y relacionarse con las personas con discapacidad. “Algunas personas se sorprenden al verme y su reacción no es natural. No puedo mover el cuerpo, pero la cabeza la tengo perfectamente”, apunta Wafa, quien, aparte de una mayor concienciación social, echa en falta una mayor accesibilidad a edificios, establecimientos y otros lugares de ocio.

Estos obstáculos, sin embargo, no suponen ya casi nada en comparación con la mayor de las dificultades a las que Wafa ha hecho frente en su vida: su lesión medular. Hoy, después de todo, la meta diaria de Wafa no es otra que ser feliz y vivir el día a día. “Con seguridad puedo decir que soy feliz y que no tengo miedo al mañana porque lo difícil ya lo he pasado”, sentencia.