Raquel Domínguez

"Somos pequeños eslabones de una gran cadena"

Imagen de Raquel Domínguez Tirar la toalla nunca es una buena idea. Sonríe y vive intensamente

Apasionada y enamorada de la vida, excelente comunicadora, optimista y alegre. Así es Raquel Domínguez, una sevillana a la que su discapacidad física no le ha supuesto ninguna limitación para hacer “lo que mejor se me da”.

Imagen de Raquel Domínguez en una conferencia

Quién diría que a Raquel Domínguez le diagnosticaron osteopatía idiopática bilateral, que derivó en una artroescapulectomia bilateral, una dolencia que afecta a la movilidad de los brazos. Con tan sólo 12 años comenzaron a aparecer los primeros síntomas en el brazo derecho y a los 19 en el izquierdo, entonces empezaron las intervenciones.

“Después de 23 operaciones, tengo atornillados ambos hombros con placas y tornillos y amputadas las escápulas de manera residual y, como consecuencia, sufro una atrofia severa de toda la musculatura del tren superior”, cuenta.

Cuando debutó la enfermedad, Raquel era una niña y entonces “todo es distinto. Los  obstáculos son retos que se presentan casi como juegos que quieres conquistar y superar. Y siempre rodeados de imaginación y con capacidad de ver soluciones”. Su vida cambió realmente cuando la enfermedad apareció en el brazo izquierdo, “porque lo hizo virulentamente. Empezaron las intervenciones y los parches de morfina…”.

En el momento en el que se dio cuenta de que nada sería igual, “me vi inmersa en un mundo que no conocía y sentí miedo ante la incertidumbre de no saber qué podría suceder, aunque nadie sabe en realidad qué va a pasar en el futuro. Además, con cada operación iba perdiendo movilidad en ambos brazos y tenía fuertes y constantes dolores”.

Tras pasar por un periodo de duelo y arenas movedizas, Raquel miró al frente y sólo vio un camino: “Levantarte y valorar las cosas importantes de la vida”. Cosas importantes como la familia, “porque a veces se nos olvida que no sufrimos solos. Nos hacemos autocompasivos y no nos importa el sufrimiento de otros. Por suerte, siempre fui consciente de que tenía que hacerle la vida más fácil a aquellos que me quieren y no podía permitir que mi madre sufriera más. Así que llevo como bandera la empatía y una sonrisa”.

 

Imagen de Raquel Domínguez corriendoEl deporte como apoyo

Además de la actitud positiva que le ayuda a enfrentarse a su enfermedad, Raquel encontró en el deporte una herramienta que le ayudó en la transición física y personal. “Mi vida no podía ser sólo operarme e ir y venir del hospital. Así que me marqué el deporte como proyecto donde implicarme, una gran apuesta porque me ha traído muy buenas experiencias”, recuerda.

Comenzó practicando natación y compitió en los 50 metros mariposa y en los 200 metros estilos, aunque primero tuvo que aprender a nadar sin brazos. Después, se animó con la marcha y corrió los 100 y 200 metros lisos de velocidad, paso previo a correr más distancia: media maratón, maratón y ultra distancia. Y, por si fuera poco, el reto físico, “ahora estoy ilusionada y emocionada con el triatlón e, incluso, este año he completado un medio ironman (natación, ciclismo y maratón). La verdad es que disfruto de lo lindo”.

De espíritu inconformista, esta deportista incansable tiene en mente un nuevo reto: “Intentar subir el Kilimanjaro, aunque lograrlo dependerá de las últimas operaciones y de si consigo la inversión necesaria. No obstante, por el camino siempre voy encontrando nuevos proyectos”.

 

¿Limitación? Nunca

“Mi discapacidad nunca es una limitación, porque sólo hago aquello que puedo hacer y  potencio todo aquello que humildemente tengo. Deportivamente, no practico pádel ni jabalina, ¡sería absurdo! Y laboralmente pues lo mismo, pongo en valor mi herramienta que es mi voz y la capacidad de comunicación”.

Raquel trabaja como dobladora en una productora sevillana, “donde no necesito los brazos para hacer bien mi trabajo”. Además, junto con la Fundación Adecco, participa en jornadas e imparte charlas en diferentes empresas y colegios repartidos por toda la geografía española sobre la riqueza que supone el respeto a la diversidad.

En este sentido, considera que la sociedad está dando pequeños pasos para normalizar la convivencia con las personas con discapacidad. Para ello, entiende que es importante “la visivilización de cada uno de nosotros, dejar el paternalismo y creer en las  capacidades de todos”.

Su historia de superación es un soplo de esperanza para otras personas que, en determinados momentos, sienten que les flanquean las fuerzas. “Tirar la toalla nunca es una buena idea. Debemos, como mucho, secarnos con ella, levantarnos y observar lo que la vida nos ofrece. Hay que mirar con otros ojos todo lo que nos rodea, porque hay tanta belleza por disfrutar… Y cada uno de nosotros somos importantes, con miles de capacidades para desarrollar y compartir. Todos somos pequeños eslabones de una gran cadena. Sonríe y vive intensamente”, ese es su mensaje.

Raquel se considera una persona autónoma e independiente, “porque todos necesitamos  de todos, yo necesito unas cosas y los demás otras”.

Pensando en el futuro, el reto de Raquel es “no dejar de soñar y dejarme sorprender  cada día. Quiero seguir creciendo como persona, ayudar a los demás aportando mi experiencia. También me haría muy feliz formar mi familia”. Lo conseguirá, seguro.