Álvaro Galán

Presidente de ASPACE Madrid y ex deportista paralímpico

“La principal barrera que tenemos que vencer en pleno siglo XXI es la barrera actitudinal”

Álvaro Galán en los Juegos Paralímpicos de Sidney 2000

De pequeño fantaseaba con parar goles como Arconada, pero su futuro no pasaba por convertirse en futbolista y terminó ganando una medalla de plata jugando a boccia en los Juegos Paralímpicos de Sidney 2000. El deporte ha supuesto sin duda una pieza clave en la vida de Álvaro Galán, ex deportista paralímpico y actual presidente de ASPACE Madrid.

Este joven madrileño nació con parálisis cerebral. Álvaro tuvo sufrimiento fetal durante el parto y se quedó sin oxígeno durante unos segundos, suficientes para que se dañara una parte de su cerebro. Los médicos no le dieron demasiada importancia, pero su madre ya intuía a los pocos meses que su hijo tenía una discapacidad.

“Lo que permite el deporte es la inclusión de cualquier persona que pertenezca a un colectivo en riesgo de exclusión”

Una vez confirmado el diagnóstico, médicos, fisioterapeutas, terapeutas y logopedas se pusieron manos a la obra para ofrecer a Álvaro la estimulación precoz necesaria para intentar recuperar y rehabilitar todas las funciones posibles de su organismo.

Ese trabajo, la perseverancia, la capacidad de superación y el apoyo de su familia han hecho que, en la actualidad, Álvaro pueda llevar una vida prácticamente independiente. A día de hoy, vive solo y tiene trabajo y pareja.

MIRADAS INDISCRETAS

Llegar hasta aquí no ha sido, sin embargo, un camino fácil. Álvaro recuerda su infancia marcada por el concepto de sacrificio. “Sacrificio de someterme a pruebas de fisioterapia, de estiramientos muy duros para intentar conseguir algo, una meta que yo como niño no entendía. Fueron años de inocencia, pero también de empezar a percibir que algo no era normal. Era foco de miradas indiscretas, porque no era normal, entre comillas, que un niño de siete u ocho años fuera en una sillita de bebé, cuenta.

No obstante, el proceso más duro de aceptar la discapacidad fue para él durante la adolescencia, cuando veía que sus amigos y primos empezaban a salir y él tenía que quedarse en casa. En ese momento, decidió sumergirse en los estudios, en aquello en los que sobresalía. Álvaro no podía andar, pero “era un chico inteligente, brillante, que estudiaba y sacaba buenas notas”. Esa era su mejor imagen y la que quería proyectar al mundo.

Álvaro Galán con los compañeros de Trainers Paralímpicos

A los 18 años, su dilema interno oscilaba entre estudiar Informática o Psicología. Su padre siempre le animó a estudiar la primera de las dos opciones porque veía que su hijo manejaba los aparatos tecnológicos de una manera casi intuitiva e innata y, además, consideraba que en ese sector encontraría menos barreras, pero a Álvaro siempre le gustó el contacto con las personas. “Recuerdo ese verano tener un pensamiento muy importante: ‘Álvaro, todo lo que has vivido no tiene que quedar en balde, tiene que servir de enseñanza a otras personas que vivan tu misma situación o parecidas’. Eso fue lo que me animó a estudiar Psicología. Ayudar a acompañar en el proceso de aceptación de la discapacidad o de cualquier otro problema”, dice satisfecho.

En la actualidad, Álvaro ejerce como psicólogo en ASPACE Madrid y dinamiza dos escuelas de familia, además de trabajar como conferenciante, motivador y “entrenador de vida” dentro del programa Trainers Paralímpicos de Fundación ONCE, un proyecto en el que 12 deportistas o ex deportistas paralímpicos, a través de su experiencia vital y deportiva, transmiten a la sociedad valores tales como la superación, la resiliencia, el trabajo en equipo o la gestión del tiempo.

“Recuerdo mi infancia muy marcada por el concepto de sacrificio”

Para Álvaro, el deporte permite la inclusión de cualquier persona que pertenezca a un colectivo en riesgo de exclusión. Él se inició en este mundo a los 13 años, cuando buscaba una actividad de ocio en la que poder compartir su tiempo libre, en un entorno en el que relacionarse de igual a igual con otras personas con sus mismas inquietudes.

Fue aquí cuando descubrió la boccia, un deporte muy parecido a la petanca diseñado especialmente para personas con parálisis cerebral y otras discapacidades físicas muy graves. Comenzó como un hobby, pero con el paso del tiempo Álvaro se dio cuenta de que reunía una serie de características que le hacía sobresalir en la práctica de este deporte.

“Fue una etapa muy bonita que me aportó ese punto de reconocimiento social que cuando era niño la sociedad me negó, tú eres diferente, tú eres raro, Bueno, pues cuando logras conseguir una medalla paralímpica representando a tu país, esas miradas se vuelven palmaditas en la espalda”, afirma con orgullo.

‘ATRÉVETE A CONOCERME’

Álvaro Galán

Como bien dice Álvaro, el deporte le ha permitido recibir un trato igualitario, una cuestión prioritaria para el colectivo de personas con parálisis cerebral que muchas veces recibe un trato ‘infantiloide’ y paternalista por parte del resto de la sociedad, que no sabe cómo tratarles o simplemente dirigirse a ellos. Para evitar ese trato parental, Álvaro invita a todo el mundo a querer conocer a las personas que, como él, tienen este tipo de discapacidad. Ese ha sido precisamente el objetivo de la campaña ‘Atrévete a conocerme’, con la que ASPACE ha querido poner de manifiesto ciertas situaciones desafortunadas e incómodas que las personas con parálisis cerebral tienen que vivir día a día.

“Cuando voy a un restaurante con mi pareja, rara es la vez que un camarero en vez de dirigirse a mí se dirige a mi chica y le pregunta: “¿El caballero qué quiere beber?” y mi chica le dice, no, pregúntale a él. O cuando vas en el autobús y la gente te coloca las bolsas de la compra encima de la silla de ruedas”, pone Álvaro como ejemplos.

Es por este motivo que a él le gusta invitar a las personas “a guardarse el miedo y a darse la oportunidad de descubrir a otras personas, porque cada persona somos un regalo”. “Si tú te pones a pensar en las emociones que experimentas cuando alguien te da un regalo, son las mismas que experimentas cuando conoces a una persona, sentimos alegría, ganas de conocerle, tenemos ganas de abrirlo, puede defraudar, nos puede gustar, podemos sentir miedo… Son las mismas emociones, pero como los regalos, hay regalos que vienen envueltos en papel de Walt Disney y hay regalos que vienen envueltos en papel de periódico”, afirma.

TRANSFORMACIÓN SOCIAL

Álvaro explica que el principal obstáculo a vencer en pleno siglo XXI es la barrera actitudinal, “la que está en la mente de la gente”. En su opinión, el movimiento asociativo y las entidades privadas y públicas tienen que ser capaces de transmitir a la sociedad que “la condición de discapacidad no está en las personas, sino en los entornos”.

“La vida es una gran comedia”

“Cuando escuchas la palabra ‘pobrecito’ y eres pequeño piensas: ‘¿Pobrecito, por qué? Y al final se te va quedando pegado, pegado, como si fuera chapapote. Ahora intento empatizar con la gente que decía pobrecito cuando yo era pequeño y claro, para ellos era pobrecito porque jamás podían imaginar que yo pudiera viajar en transporte público, que yo pudiera trabajar, que yo pudiera viajar… Pero todo lo que hago a día de hoy lo puedo hacer porque ha habido una gran transformación social”, recuerda.

En este sentido, Álvaro incide en la importancia de “seguir hablando de personas con discapacidad y no caer en la tentación de utilizar eufemismos o conceptos políticamente correctos como diversidad funcional, otras capacidades, capacidades diferentes… porque sería retroceder 20 o 20 años en el tiempo”. “Volveríamos a poner el foco atencional en las personas y, si algo hemos aprendido en las últimas décadas, es que la condición no está en la persona, está en los entornos”, incide.

Mientras tanto, a Álvaro le quedan muchos sueños por cumplir. El principal y en el que a día de hoy vuelca todas sus energías es el de crear su propia familia, pero también tiene pendiente escribir un libro sobre su vida, abordando pequeños conceptos que considera claves en la evolución y el desarrollo de las personas y de los niños con discapacidad.

“Me gustaría que fuera un libro de ayuda para mucha gente, pero no solamente de ayuda, sino de risa, porque la vida es una gran comedia. Hay momentos en los que dices: ‘¿Somos capaces de esto? Sí, de esto y de mucho más’. Hay que reírse, sobre todo porque, si eres capaz de reírte, el aprendizaje queda consolidado, es fundamental”, concluye.

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