Sandra Ibarra

Modelo y presidenta de la Fundación que lleva su nombre

“Hay que convertir en noticia a la gente que se cura de cáncer”

“Siempre es noticia la gente que fallece de cáncer, pero no la que se cura”. Con esta frase, la modelo Sandra Ibarra reivindica la necesidad de dar mayor visibilidad al más de millón y medio de pacientes en España que, como ella, han conseguido superar la enfermedad.

Tenía 20 años cuando a esta joven vallisoletana de Medina del Campo le diagnosticaron su primera leucemia. “Fue en el año 1995, casi en la prehistoria del cáncer. Fui la única de la planta que sobrevivió.

“En la vida, de las pocas cosas que podemos elegir es la actitud con la que vivir”

Me hicieron un trasplante de médula de mi hermano pequeño. Salí adelante y volví a recuperar mi vida. Todo con mucha ilusión. Tuve el privilegio de poderme curar y fui muy consciente de ello y de todas las necesidades que había en torno al cáncer”, explica.

En aquella época, tener cáncer suponía acarrear también con un estigma muy pesado a la espalda. Hablar de ello no estaba bien visto y las personas con cáncer preferían esconderse y ocultar la enfermedad a ojos de lo demás. Afortunadamente, dos décadas han servido para cambiar la situación y, según cuenta Sandra, “las personas están pasando de casi ocultarse o sentirse incómodas por hacer tenido cáncer a sentirse orgullosos de pertenecer a una tribu de inspiradores que están abriendo un camino de esperanza para los que vienen detrás”.

 

ESCUELA DE SUPERVIVIENTES

Se calcula que son alrededor de cien mil las personas que cada año se curan de cáncer en nuestro país. Surge así un nuevo perfil de paciente en el sistema sanitario español que es el superviviente de cáncer. Estas personas tienen necesidades específicas posteriores al cáncer, relacionadas con les efectos secundarios del tratamiento, y muchas de ellas se convertirán en enfermos crónicos.

Trabajar la realidad de estos pacientes es precisamente el objetivo de la ‘escuela de supervivientes’ que Sandra Ibarra, a través de la Fundación que lleva su nombre, ha creado. “Siempre es una buena noticia cuando te dan el alta, pero también se siente vértigo. Uno quiere volver a su oncólogo y que le diga que todo sigue bien. Y es que seguimos necesitando ayuda una vez superada la enfermedad”, cuenta Sandra.

“Con todo lo que te ha pasado, eso ya no es nada. Esta es una frase muy típica de los médicos, pero la realidad es que después del cáncer suele haber problemas de infertilidad, pérdida de memoria, fatiga crónica, etc. Y no hay médicos especialistas en supervivientes de cáncer”, insiste.

DIARIO DE VIDA

Fruto de este trabajo de apoyo y de acompañamiento, la Fundación Sandra Ibarra ha publicado ‘Diario de vida’, un libro que aúna los conceptos de cáncer y vida a través de la experiencia de 27 personas anónimas que han decidido contar su historia.

“Diario de vida no es solo para personas que han sido diagnosticadas de cáncer, sino para cualquier persona que está viviendo la adversidad. De repente estas historias te llenan de vida y pueden ser inspiradoras para que cada cual elija la parte que le sirva porque, al final, no dejan de ser historias humanas en diferentes etapas, con todos los perfiles (mujeres, hombres, jóvenes, mayores, adolescentes, casados, solteros, empresarios…) para que cualquiera pueda sentirse identificado”, afirma Sandra.

El libro muestra la dureza de lo que significa el diagnóstico y de todos esos momentos complicados durante la enfermedad, pero también enseña el otro lado y cómo las personas son capaces de dar la vuelta a las cosas. “Somos mucho más fuertes de lo que creemos. El mensaje es que sí se puede”, dice convencida.

Y claro que se puede salir adelante.

“El cáncer no está reñido con la minifalda y los tacones”

Sandra lo sabe muy bien, que tuvo que superar el cáncer por partida doble, tras sufrir una recaída siete años después. Ese fue uno de los momentos más duros de su vida. Había luchado, peleado, ayudado a los demás y no entendía por qué tenía que volver a hacerlo.

“No es fácil salir de un cáncer así que imaginaos salir de dos. Esas eran las cuentas que yo me hacía. Cómo voy a salir otra vez. Y fue durísimo e intenso. Mi madre me decía que nos tocaba de nuevo luchar y pelear. Y como somos más fuertes de lo que creemos nos pusimos el traje de pelear. Mi hermano me volvió a donar la médula y, siete años después, me volvían a hacer un trasplante”, recuerda.

Fue en ese momento cuando Sandra comprendió que las personas se empeñan en hacer algo en la vida, pero la vida les marca otro camino. En su caso, decidió hacerle caso a la vida y profesionalizar lo que había venido haciendo hasta ese momento. Así es cómo nace la Fundación Sandra Ibarra que, en la actualidad y después de 10 años de trayectoria, se ha convertido en el paraguas bajo el que cobijar diferentes campañas de prevención y proyectos de investigación, entre otras muchas iniciativas. Su misión, aunque suene repetitivo, es siempre la de generar conciencia porque, según pone de manifiesto, “la gente no es consciente de lo que significa el cáncer hasta que no lo vive en primera persona”. Por eso, hace hincapié en que los pequeños gestos importan, como la actividad física, una buena alimentación o seguir hábitos de vida saludable.

SENTIRSE BIEN

Sentirse bien con uno mismo es esencial en los enfermos de cáncer. En ese sentirse bien representa un papel fundamental la moda y la estética, sobre todo en el caso de las mujeres. Es por este motivo que la Fundación Sandra Ibarra cuenta también con una firma solidaria de moda complementos. Entre ellos, una colección de pañuelos y fulares estampados con algunas de las obras de arte de la pintora brasileña Christina Oiticica, impulsora del eco art y mujer del escritor Paulo Coelho. Además, la elaboración de las piezas que la componen se ha realizado en los talleres de moda ética Lal La Buya de Melilla, formados por mujeres supervivientes de violencia de género y/o en riesgo de exclusión social.

“Queríamos que llevar el pañuelo en la cabeza fuese mucho más que eso. Que fuera un complemento de moda con el que sentirse guapa y del que poder sentirse orgullosa porque estás peleando.

“Somos mucho más fuertes de lo que creemos. El mensaje es que sí se puede”

Queríamos que fuera un elemento que se integrara no por tener una enfermedad, sino por tener una necesidad concreta y, a la vez, poder estar guapa”, comenta Sandra.

En su opinión, “el cáncer no está reñido con la minifalda y los tacones”. “No hay por qué ir a una sesión de quimio con un chándal lleno de pelotillas, puedes ir con un vestido rojo y los labios pintados. Se dice que en las épocas complicadas es cuando más barras de labios rojas se venden. Es algo que siempre he reivindicado, puedes estar cómoda y bien y llegas a la quimioterapia de otra manera”, concluye.