Francisco Javier González

Mención especial en los Premios Dependencia y Sociedad de la Fundación Caser. Estudiante con Ataxia de Friedreich

Cartel de Rodando al destino "Hay que ser feliz con lo que cada uno tiene y explotar las virtudes e ignorar (aún siendo consciente) las limitaciones"

A Francisco Javier —conocido como Fran— se le caían las cosas de las manos con frecuencia, tropezaba fácilmente, perdía el equilibrio a menudo, se tambaleaba… Entonces era un niño «y no le di ni la más mínima importancia. Pero aunque llevaba o intentaba llevar una vida lo más normal posible, cada vez era más evidente que algo no iba bien», recuerda.

Portada de Rodando al destino los seis años le diagnosticaron Ataxia de Friedreich, que explicó los síntomas que estaba experimentando. Se trata de una enfermedad degenerativa del sistema nervioso, alojada en el cerebelo, que afecta a los músculos. La dificultad para hablar, la hipoacusia o la pérdida de coordinación y equilibrio son causados por el desgaste de estructuras en zonas del cerebro y de la médula espinal, que controlan la coordinación, el movimiento muscular y otras funciones.

Cuando su familia recibió la noticia, se hundió. «Especialmente, mis padres y mi abuela. Lloraban, se lamentaban a escondidas y me sobreprotegían. Y lo que es peor, mis amigos comenzaron a mirarme con extrañeza y preocupación», explica.

Si bien la infancia fue llevadera, la adolescencia resultó realmente dura. «En esa etapa, el aspecto exterior es de una importancia capital para la persona y yo siempre me caía, me doblaba y tropezaba. Era siempre el hazmerreír entre mis amigos, motivo por el que me acomplejé sobremanera», cuenta Fran.

Como toda enfermedad degenerativa, la ataxia fue evolucionando y empeorando con el paso del tiempo. A los 18 años, perdió la facultad de andar y, poco después, comenzó a sufrir problemas de vista, oído y dicción. Además, sus piernas se han ido atrofiando y encorvando cada vez más. Tanto es así que, con 22 años, se convirtió en una persona dependiente para las labores cotidianas.

Hasta que no asumió la situación y fue consciente realmente de sus limitaciones, su vida no se normalizó. «Entonces, todo se volvió más llevadero. Adquirí una silla de ruedas y el complejo desapareció», apunta. Sin embargo, usar la silla de ruedas ha sido la barrera que más le ha costado superar: «Al principio, prefería quedarme todo el día encerrado en casa antes que usarla».

Una lucha diaria

En lugar de dejar que la vida siguiera, Fran le plantó cara y decidió enfrentarse al día a día «sin temor o vergüenza a pedir ayuda. Siempre pienso en lo que puedo hacer y descarto, con simpatía y humor, lo que no. Hay que ser feliz con lo que cada uno tiene y explotar las virtudes e ignorar (aún siendo consciente) las limitaciones».

Para este luchador, las palabras superación y adversidad no significan nada, «porque ni pienso en las adversidades ni en cómo superarlas. Es algo tan cotidiano en mí que, sencillamente, cuando necesito hacer algo lo llevo a cabo sin más». Como es obvio, Fran no es una persona autónoma e independiente físicamente, «pero sí intelectual y socialmente», asevera. A todas las personas que se encuentran perdidas, les diría que «busquen aquello que les hace feliz y actúen con humildad».

Por desgracia, en su opinión, la sociedad no ayuda demasiado. «Otorga a las personas con discapacidad un rol pasivo, porque resulta más fácil. Implica un menor esfuerzo ingresarnos en una residencia que preocuparse por conocer nuestras necesidades y apoyarnos en cuestiones como la formación o la búsqueda de empleo. En los centros, cuidan de las personas con discapacidad: dan de comer, lavan la ropa, recogen la habitación y disponen de enfermeros, médicos, psicólogos, logopedas, fisioterapeutas, etc. Apenas es necesario salir al exterior, lo dan todo masticado y en bandeja. Hemos de luchar contra eso», lamenta Fran.

Mirada al futuro

 A Imagen de Framciso con sus amigospesar de padecer una enfermedad compleja, «soy feliz rodeado de mi familia y amigos. Me quedan tantas cosas por hacer…», señala con una envidiable energía. De hecho, viajar es una de sus grandes pasiones.

Actualmente, a sus 30 años de edad, Fran está cursando tercero de Filología Catalana y va a empezar su cuarto máster. Cuando acabe, se matriculará en Filología Italiana y, además, estudiará portugués y francés. ¡Incansable y todo un ejemplo de superación!

 

Fran fue galardonado con una Mención Especial en los Premios Fundación Caser Dependencia y Sociedad en el año 2016. Durante la ceremonia se proyectó el vídeo que corresponde el tráiler del documental que han realizado sobre su vida.