Josu Feijoo

"Diabéticos o no, tenemos que perseguir nuestros sueños"

Josu Feijoo en la cima del Everest "Mi próximo reto es ir a vivir a la Estación Espacial Internacional (ISS)"

Primer diabético del mundo en escalar las Siete Cumbres (Everest, Aconcagua, Kilimanjaro, Elbrus, Mont Blanc, McKinley y Vison Massif), primer diabético del mundo en recorrer el Polo Norte y el Polo Sur y primer diabético del mundo que viajará al espacio, son algunos de los logros más llamativos de este vasco que fue diagnosticado de diabetes tipo uno a los 23 años, en un momento en el que ser diabético suponía una limitación tras otra.

Pero su mayor hazaña es haber cumplido alguno de sus sueños, como escalar el Everet o viajar al espacio, derrotando algunas barreras que querían imponerle, más bien por desconocimiento. Con su afán de superación ha transmitido al mundo y, en especial, a las personas que como él tienen una enfermedad crónica, un mensaje claro: “Tenemos que perseguir nuestros sueños, porque querer es poder”. Aunque también suele insistir, en las conferencias que imparte a jóvenes con diabetes, en que para lograr éstas o cualquier otra meta que se marquen es fundamental estar bien controlado, algo que por otra parte es muy fácil hoy día gracias al mayor conocimiento de médicos, pacientes y sociedad, y también al surgimiento de las nuevas tecnologías.

Se aficionó a la escalada a una edad bastante temprana. Años después, un 28 de diciembre, le diagnosticaron diabetes tipo 1, que lo convertía en insulinodependiente, es decir, a partir de ese momento, necesitaría administrarse insulina varias veces al día. “Menuda inocentada”, bromea.

Su primera reacción fue de incredulidad. No tenía ni idea de qué era la diabetes y no entendía por qué le había pasado eso al él. Y, aunque se considera muy optimista, reconoce que estuvo nueve meses deprimido, hasta que llegó a la conclusión de que “o vivo con o vivo para la diabetes” y eligió vivir con esta enfermedad como compañera de viaje.

Es más, actualmente, piensa que la enfermedad le ha influido positivamente: “Llevo una vida más ordenada, con una dieta controlada, y me ha obligado a ser más metódico”. Para nada ha supuesto un límite personal o profesional para él: “Siempre quise escalar el Everest, practico el alpinismo desde los 12 años, y recuerdo que quería ser astronauta”. Y lo ha conseguido. Según explica, lo que le motiva para alcanzar estos retos profesionales es la ambición, “pero la ambición sana”, matiza. Además, “soy un poco culo inquieto”, admite. En el plano personal también es bastante exigente: “No me conformo con poco, sobre todo cuando sé que soy capaz de más”.

Durante todos estos años ha demostrado ser una persona tenaz y constante, que lucha por lo que quiere. Estudió ingeniería eléctrica y un máster en robótica espacial, ambas titulaciones por la Ohio University de Columbia, pero no abandonó nunca el alpinismo. De hecho, ha podido compatibilizar profesionalmente ingeniería y alpinismo.

Como alpinista y aventurero, ha conseguido logros tan importantes como completar las Siete Cimas y viajar a los Polos. Eso sí, siempre ha tenido un gran sentido común y ha sabido medir los esfuerzos para no poner en riesgo su salud.

Josu vestido de astronauta entrenando

El segundo sueño de este marido y padre de una niña, se hará realidad dentro de poco más de un año (2017), cuando viaje al espacio con el objetivo de medir los efectos de la insulina en microgravedad y los avances de la telemedicina. Lleva siete años preparándose para este momento en la NASA y en el centro espacial Ruso y, en abril de este año, viajará a este último para entrenar y probar el software de medicina que empleará en el espacio.

A pesar de que mucha gente lo considera un ejemplo de superación, él se describe como un tipo normal. No obstante, es consciente de que estos pasos que está dando pueden cambiar la vida de millones de personas y, en concreto, de niños diabéticos de todo el mundo. “Sobre todo de niños”, insiste, porque su objetivo es romper barreras sociales, hacerle ver a la sociedad que estos pacientes no tienen limitaciones y pueden alcanzar lo que se propongan. “El futuro es de aquellos que creen en la belleza de sus sueños”, apunta.

Su compromiso con los diabéticos y su futuro queda patente en cada uno de sus gestos y palabras. De hecho, se ha convertido en embajador de la IDF (Federación Internacional de la Diabetes).

A los pacientes con diabetes les aconseja “que no se dejen intimidar, que se informen, porque la información es poder, y que persigan sus sueños. Diabético o no, debemos perseguir nuestros sueños”.

A pesar de todo lo que ha conseguido, no se conforma y ya tienen en mente próximos desafíos: “Mi próximo reto (si encuentro el dinero) es ir a vivir a la Estación Espacial Internacional (ISS). Los rusos me han invitado. Si fuera, estaría viviendo un tiempo en microgravedad y seguiría investigando, ahora sí, para la cura definitiva de la diabetes infantil”. Para ello, necesita 43,5 millones de euros y espera encontrar una gran compañía o mecenas que lo financie.