Joan Pahísa

"Debemos superar nuestros miedos"

Imagen de Joan Pahísa La discapacidad me ha ayudado a desarrollar la imaginación y la capacidad de encontrar los recursos necesarios para afrontar situaciones nuevas

Ingeniero informático, escritor, deportista… Joan Pahísa es una persona polifacética, que tiene muy claro que su discapacidad no supone una barrera para lograr sus metas.

Joan nació con displasia espondiloepifisaria congénita, que afecta a la asimilación del colágeno e impide el correcto crecimiento de los huesos y los cartílagos. Como consecuencia, no llega al metro de estatura. Sin embargo, es una persona totalmente autónoma e independiente y con muchas inquietudes.

Siempre ha sido muy consciente de su discapacidad: “Ya desde pequeño había mucha diferencia de altura con los demás niños y cuando me lo contaron ya era evidente. Enseguida lo asumí y siempre lo he vivido con normalidad”. Por eso, en su opinión, las limitaciones más difíciles de superar “son las que te pones tú mismo o las personas que te rodean. Si no puedes hacer las cosas de un modo, te buscas la vida y con imaginación las haces de otro. La palabra limitación, limita en sí misma”.

Imagen de Joan PahisaJoan recuerda la adolescencia como una etapa más complicada y dura de cambios: “Nadie se gusta a sí mismo e, independientemente de la discapacidad, todos tenemos las mismas inseguridades. Sería muy fácil achacar mis problemas de adolescencia a la discapacidad, pero es algo común en todas las personas. Además, siempre he tenido mucho carácter y si alguien que se metía conmigo me defendía y todo volvía a la normalidad”.

Su familia le ha ayudado, “pero de un modo diferente”. No le animaron a estudiar, ni a hacer deporte… “Lo más importante es que nunca me desanimaron ni me pusieron limitaciones, y no me han sobreprotegido. Me decían, pruébalo y ya se verá”, explica.

Ingeniero y conferenciante

Ingeniero informático de profesión, Joan da clases de informática en la universidad y está preparando el doctorado sobre la relación que existe entre la informática y la lingüística. “Los idiomas y escribir me gustan mucho”, reconoce. Por eso, comenzó a estudiar la carrera de Periodismo que, lamentablemente, tuvo que dejar porque las barreras humanas no le permitieron continuar: aulas alejadas unas de otras, muchas escaleras, horarios inflexibles y poca sensibilización.

En lugar de compadecerse, tomó otro camino académico: “Si me encuentro con una barrera siempre intento sortearla e ir por otro lado”. Además, nunca ha dejado de escribir y, de hecho, tiene previsto publicar una novela. También es conferenciante de la Fundación Adecco e imparte charlas de sensibilización en empresas e institutos sobre la importancia de reconocer a las personas por sus capacidades y talento.

“Tirar la toalla no hace ningún bien y hace que te sientas frustrado. Si quieres hacer algo, debes intentarlo y, si al final no lo consigues, no pasa nada porque lo habrás probado y podrás sentirte satisfecho. Todo el mundo vale y hay más de una manera de hacer las cosas”, señala Joan. Lo más complicado es “superar nuestros miedos y los límites que nos imponemos. No debemos huir, sino enfrentarnos a nosotros mismos”.

En el aspecto personal es donde Joan se puso la única barrera. Barrera que ya ha derribado. “Durante mucho tiempo pensé que nunca tendría pareja, pero si no me pongo límites en las demás facetas de la vida, por qué voy a hacerlo en el hecho de tener una pareja. No confiaba en mis posibilidades”, subraya.

Deportista incansable

El deporte es muy importante en la vida de Joan, porque le ayuda a mantenerse en forma. “Mi enfermedad trae consigo la disminución del tono muscular y, si no hiciera deporte, el esqueleto tendría que soportar todo mi peso y aún tendría más dolores y me encontraría peor”, reconoce. Además de ser bueno para su salud, “me encanta hacer deporte y me ha permitido hacer muy buenos amigos. También es un modo de desconectar, así que es bueno para la salud física y mental”.

El baloncesto es su preferido, pero también ha practicado badmington, ciclismo y atletismo. Y destacan, sobre todo, sus logros en alta competición. Así, Joan ha sido campeón del mundo de tenis de mesa en la categoría de menos de 1,50 metros y también campeón del mundo de natación de talla baja. “Ahora practico handbike y me estoy preparando para correr los maratones de Berlín y Nueva York. No pretendo hacer una buena marca, sólo me planteo terminarlo. Ya no compito, tengo 29 años y mi cuerpo no es el que era y, por tanto, voy buscando nuevos deportes. Me gusta marcarme nuevos retos, pero lo hago para pasarlo bien y estar en forma”, afirma.

Convivir con la discapacidad

Joan considera que la sociedad está preparada para normalizar la convivencia con las personas con discapacidad, otra cosa es que realmente lo esté. Cuando acude a colegios e institutos percibe que la situación sigue igual, pero tras la charla “la visión de los alumnos cambia completamente y al cabo de un año el colegio vuelve a llamarme. Los niños están preparados para aceptar la diferencia y la diversidad, pero se tiene que seguir trabajando en ese sentido porque aún quedan muchos estereotipos”.

A las generaciones de personas mayores les cuesta más, porque han vivido la discapacidad en un entorno “menos propicio”. Por ello, considera que el apoyo desde las instituciones públicas es fundamental.

En su caso, Joan afirma que la discapacidad le ha aportado muchas cosas buenas. “Estoy acostumbrado a enfrentarme a situaciones raras e incluso surrealistas como, por ejemplo, puertas que no se abren porque no me ven. Cuando me encuentro ante una situación nueva, en lugar de ponerme nervioso, rápidamente intento buscar soluciones; algo que puedo aplicar a todos los aspectos de la vida. La discapacidad, por tanto, me ha ayudado a desarrollar la imaginación y la capacidad de encontrar los recursos necesarios para afrontar situaciones nuevas”.

Además de los retos deportivos y profesionales, Joan Pahísa tiene una importante meta personal: “Seguir siendo feliz. Con el tiempo, a veces, los sueños evolucionan e incluso cambian. Pero no tenemos que dejarlos morir, ni abandonarlos nunca.