Carolina Lapausa

Actriz

Imagen de Carolina Lapausa “La felicidad de verdad sólo la puedes encontrar en ti”

Los trastornos de la conducta alimentaria son uno de los grandes desconocidos de las enfermedades mentales. Parece que, si no se ve, el problema no existe y que, cuando se ve (la delgadez), todos los problemas son ese.

“Los trastornos de la conducta alimentaria, como cualquier adicción, se apoderan de la voluntad de la persona y la destruyen”

La actriz española Carolina Lapausa sabe de esto, por su pasado y por su presente. Actualmente, imparte clases de teatro en un centro para jóvenes que trata este tipo de trastornos pero, a su vez, es una actriz con cierto reconocimiento que no habría alcanzado sin haber luchado contra este tipo de trastornos. Hubiera seguido entre bambalinas… entre bambalinas de una enfermedad que, por suerte, tiene cura.

“Mi infancia la recuerdo feliz. Era una niña bastante tímida, pero enseguida encontré salida a esa timidez en actividades artísticas como la danza o la gimnasia rítmica. Me sirvió de mucho porque, además de gustarme lo que hacía, conocía gente y tenía mi grupo de amigas”, asegura.

Esta madrileña nacida en el seno de una familia que hubo de esforzarse para pagarle sus estudios fue a un colegio de monjas sólo para niñas en el que todo estaba medido. Esta pequeña de tres hermanas sacó siempre buenas notas hasta segundo de BUP. Había entrado con 12 años a un conservatorio de danza y no fue hasta ese curso escolar que tuvo que cambiarse de centro educativo para compaginar ambas formaciones.

“Tuve que hacer tercero de BUP y COU en un instituto que dispusiera de horario de tardes”. El cambio del colegio al instituto fue para Carolina la desinhibición total. Ese desprenderse de un entorno reservado, pulcro y encorsetado fue lo más para ella. No obstante, a pesar de esta liberación, las normas tan sólo habían cambiado de horario, el conservatorio no fue menos duro que la etapa anterior, más bien al contrario: “Las mañanas en el conservatorio las recuerdo como una enseñanza demasiado dura”, se lamenta Carolina.

ALGO MÁS QUE INSTRUCCIÓN

La carrera profesional para ser bailarina que muchas niñas inician con ocho años, la edad mínima, era su pasión. “En mi época sólo existía ballet y danza española y, aunque a mí me gustaba el contemporáneo, bailar de manera profesional era la mayor de mis ilusiones”. Pero aquellas normas y controles a los que se sometía para poder llegar a la élite, convencida bajo el lema “sarna con gusto no pica”, se convirtieron al poco en un verdadero martirio. Sin darse cuenta al principio, pues apenas era una niña que acababa de salir de la infancia y entraba en la adolescencia, experimentó cómo la disciplina y las correcciones “para ser la mejor bailando” eran algo más que instrucción.

“La palabra mierda era utilizada múltiples veces en clase. Lo que haces es una mierda, eres una mierda… y, para niñas de 12 años, eso es muy cruel. Las profesoras hacían mucho daño, es verdad que no todas, pero te trataban como si tuvieras que saberlo todo, con comentarios hirientes, constantes faltas de respeto y de forma muy agresiva.” Esto hizo que Carolina fuera desgastándose y, con 18 años, cuando tenía que decantarse por una carrera u otra, eligió ingresar en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) para estudiar interpretación.

“Sé que si hubiera conocido en aquel momento a la gente que conozco ahora, no hubiese dejado de bailar. Al final me decidí por la interpretación porque era algo que también me llenaba y con lo que ahora soy tremendamente feliz.” Sin duda, Carolina ha sido feliz y ha hecho feliz a los demás con papeles como los de Isabelita en la serie ‘La Señora’ de TVE y su continuación ’14 de abril. La República’, Cristina en ‘Ama es para siempre’ (Antena 3), Cuca en ‘Anclados’ (Telecinco) o en ‘Martes de Carnaval’. Ahora se la puede ver como Olga en la serie ‘Pulsaciones’, producida por Globomedia y que emite Antena 3.

En el cine ha trabajado en películas como ‘Buñuel y la mesa del rey Salomón’ de Carlos Saura, ‘Esperpentos’ de J. Luis Gª Sánchez, con guion de Rafael Azcona; ‘Peor Imposible’, ‘Toc-Toc’, ‘Miguel y William’, ‘Zipi y Zape y la isla del capitán’ o ‘La corona partida’, precuela y secuela de las series de televisión ‘Isabel’ y ‘Carlos, rey emperador’, respectivamente. Ha destacado, además, en cortometrajes como ‘Cambio’ o ‘Molar Manuel’ por el que obtuvo un premio en el Festival Iberoamericano de Cortometrajes ABC (FIBABC) y también el de mejor actriz de El Corte Inglés.

Sin embargo, donde más a gusto se encuentra y donde mejor se desenvuelve es sobre las tablas de los escenarios. Obras como ‘Antígona. Siglo XXI’ o ‘La neurosis sexual de nuestro padres’ podrían decirse que han hecho de Carolina una mejor persona. “Cuando estrenamos ‘La neurosis sexual de nuestros padres’ sentí que toqué techo. Que ya me había demostrado a mí misma que podía ser buena actriz”. En esa ocasión, Carolina interpretaba a una niña con discapacidad intelectual que experimenta un despertar sexual, un papel que, sin duda, supuso un reto para ella y del que salió lo más satisfecha que ha podido sentirse hasta ahora.

Pero todo esto no hubiera sido posible si hubiera esperado a comprar las entradas en reventa para la función de su vida. Con 22 años, esa timidez que creyó dejar atrás reapareció y lo hizo de una forma fulminante. “Sentí que empezaba a perder las riendas de mi vida. Hasta entonces había conseguido salir adelante porque vivía en la inconsciencia y conseguía evitar muchas situaciones, pero en ese momento comenzó un deterioro físico que, antes de causarme la muerte, lo cual era bastante factible, conseguí tratar en un centro”.

Carolina se levantaba cada mañana y volvía a apagar el despertador. No por sueño, cansancio o vaguería, sino por algo mucho peor: no encontraba sentido a nada que pudiera hacer y cualquier decisión era incorrecta para ella. No porque así lo creyese, sino porque los trastornos de la conducta alimentaria, como cualquier adicción, se apoderan de la voluntad de la persona y la destruyen. “Todo está condicionado a un físico (en este caso), a una sustancia, a un ansia de poder, de dinero, a la actividad deportiva, a perderse en uno mismo y a ser incapaz de relacionarte con nadie sin sufrir sólo con la idea. No hay adicciones mejores ni peores, todas matan en vida o te la acaban quitando de verdad…”, sentencia.

VIVIMOS EN UNA SOCIEDAD ENFERMA

“Vivimos en una sociedad enferma, basada en las apariencias, en la que no hay aprecio por el ser humano”

“Vivimos en una sociedad enferma. Estamos cada vez más obsesionados con el reconocimiento, el poder, el dinero. Una sociedad que tiene los valores descolocados, en la que no hay aprecio por el ser humano; sólo por lo que podamos producir. Está basada en las apariencias, que huye de la intimidad, del compromiso y de aquello que por naturaleza nos hace sufrir y debemos pasar por ello necesariamente y de una manera sana”, afirma.

 

“Solía pensar que mis compañeras eran más guapas, más listas y mejores que yo. Ese era el tipo de obsesiones sociales que me consumían”

Cuando esta actriz nominada a los Premios de la Unión de Actores tocó fondo significó estar atrapada en sus pensamientos, en las comparaciones con sus compañeras que siempre eran más listas, más guapas y sabían hacer las cosas mejor que ella. “Yo nunca iba a ser como el resto ni iba a merecer cualquier logro en ningún aspecto de mi vida. Sobre todo eran estas obsesiones sociales las que me consumían”, dice. Y es que los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), se concreten en una anorexia nerviosa -como fue el suyo-, en una bulimia o en un trastorno por atracón, tienen todos como factor común una falta de autoestima que, una vez arraiga, como cualquier otra enfermedad grave, acaban con la persona.

LA PSICOLOGÍA ES UN REGALO

“Me era imposible pedir ayuda hasta que empecé la terapia psicoterapéutica. Trabajé muy duro para frenar el maremágnum mental, tomar distancia y adoptar un punto de vista más objetivo sobre las cosas. La psicología se convirtió en un regalo vital para mí. Es una herramienta fundamental que recomiendo a todo el mundo, tengamos diagnosticado algo o no. Sirve de acompañamiento porque carecemos de educación emocional desde pequeños”.

“La terapia lo que tiene de dura es que tienes que aceptar la confrontación y tienes que aceptar muchas cosas de ti que no quieres ver. La gente prefiere no ver su mierda, manipulamos todo para no verla. También nos gusta regodearnos en la miseria. Es complicado decir ‘estos son mis problemas y yo soy responsable de ellos’. Y esto se aplica a todo el mundo y todo tipo de personas”, explica Carolina.

Recientemente se ha representado “AdalSketches” en el Centro Cultural Lope de Vega de Madrid. Obra que es el resultado de las mañanas que dedica Carolina en un centro especializado en salud mental y desarrollo personal. Representada por sus “pequeños y pequeñas” del Hospital de Día, allí da clases de teatro que no necesariamente tienen como finalidad una representación teatral como esta, sino trabajar aspectos como la concentración, la interacción con el público, las relaciones interpersonales, el respeto, la persistencia y, además, aprender a disfrutar.

A los jóvenes que se quieran dedicar a la interpretación en un mundo en el que sólo el 8 por ciento de los actores y actrices puede vivir de ello, Carolina les aconseja “luchar si de verdad es lo que se quiere”. “Hay que estar preparado para recibir muchos noes, para vivir bajo mínimos. Es necesario que lo hagan por vocación y que entiendan que el éxito no siempre tiene que ver con la valía”, asegura.

“Es importante no estigmatizar. Todos tenemos los mismos miedos”

Asimismo, a la gente que esté atravesando por cualquier tipo de adicción, esta joven de 36 años le recomienda “enfrentarse a ella”. “Es importante no estigmatizar al otro ni a uno mismo, porque todos al final tenemos los mismos miedos y lo que he pasado yo lo has pasado tú y a la inversa”, considera.

“A día de hoy me veo feliz. Cada uno es responsable de su propia felicidad, nadie más, y es algo que se tiene que ir trabajando día a día. Tú sólo puedes ser feliz por ti mismo. Podrás compartirlo con otros o no, pero la felicidad de verdad, la sana, sólo la puedes encontrar en ti”, concluye.