El impacto de la dependencia en la salud financiera de los hogares
Junio 2026 · Fundación Caser

La dependencia erosiona progresivamente la salud financiera de los hogares

España afronta un envejecimiento estructural que incrementará la demanda de cuidados y tensionará la capacidad económica de los hogares. Este estudio, elaborado por Afi para Fundación Caser, y basado en microdatos administrativos del Panel de Hogares 2016–2023, cuantifica por primera vez el efecto causal de la dependencia sobre el patrimonio familiar.

Cuidar se hace más esencial en una sociedad que envejece

El aumento de la esperanza de vida y la caída de la natalidad transformarán la pirámide demográfica en las próximas décadas. En 2050, casi una de cada tres personas residentes en España será mayor de 65 años.

Envejecimiento
Tasa de dependencia proyectada
Población menor de 16 años y mayor de 64 por cada 100 personas en edad de trabajar
Fuente: Afi a partir de INE

La presión sobre la población activa se intensificará

Este profundo cambio demográfico no solo transforma la pirámide poblacional, sino que altera el equilibrio entre población activa e inactiva.

En 2050, España alcanzará los 75 dependientes por cada 100 personas en edad de trabajar. Frente a los 53 actuales, el desequilibrio augura grandes consecuencias sobre la sostenibilidad del gasto público y privado de los hogares.
Comparativa internacional
Gasto público en cuidados de larga duración
Porcentaje del PIB, 2023
Fuente: Afi a partir de Eurostat

España parte de una posición rezagada en financiación de cuidados

El gasto público español en CLD se sitúa por debajo del 1% del PIB, claramente por debajo de la media de la UE-27 y lejos de los países nórdicos y centroeuropeos que superan el 2%.

Este diferencial resulta especialmente relevante ya que el peso de la población mayor de 65 años en España se encuentra en niveles similares a los de varios países con mayor esfuerzo financiero.

La AIReF (2025) estima que el envejecimiento elevará el gasto en CLD en seis décimas del PIB en los próximos 25 años, hasta alcanzar el 1,8% del PIB en 2070. Considerando el conjunto del gasto asociado a la edad —pensiones, sanidad, cuidados y educación—, este pasará del 24,5% del PIB en 2023 al 29% en 2050, lo que limitará el margen presupuestario para nuevas prioridades y trasladará una mayor presión hacia los hogares.

Los nuevos modelos de hogar reducen la capacidad de proveer cuidados en el seno familiar

Los cuidados en España han recaído, tradicionalmente, en los cuidadores informales del hogar —familiares cercanos y, en su mayoría, mujeres—. Se estima que el 8,5% de la población mayor de 50 años provee cuidados diarios a un familiar, frente al 6,3% en promedio de la OCDE.

Sin embargo, esta capacidad de cuidado informal se está reduciendo de forma estructural por dos fenómenos convergentes: la reducción del tamaño de los hogares —fruto de la caída de la natalidad y el aumento de hogares unipersonales— y la incorporación plena de la mujer al mercado laboral, que ha transformado la organización interna del hogar y el modelo tradicional de cuidados.

La combinación de ambos fenómenos configura un escenario en el que las familias recurrirán cada vez con mayor frecuencia a servicios profesionales o soluciones de mercado para cubrir necesidades que antes se resolvían dentro del ámbito doméstico, con el consiguiente impacto sobre el presupuesto familiar.

Evolución del hogar
Tamaño medio del hogar y tasa de actividad femenina
España, 1976–2025
Fuente: Afi a partir de INE
Gasto de los hogares
Evolución del gasto por persona según situación de dependencia
Por grupos de edad, 2024
Fuente: Afi a partir de INE. Hogares con dependientes identificados como aquellos con gasto en servicios de cuidado y mantenimiento de personas dependientes

El gasto en cuidados formales incrementa considerablemente el presupuesto de los mayores

La estructura del gasto difiere de manera significativa entre hogares con y sin personas en situación de dependencia. Mientras que en los primeros el gasto total tiende a incrementarse con la edad, en los segundos muestra una evolución más contenida o incluso decreciente en etapas avanzadas del ciclo vital.

Esta divergencia se explica por el peso creciente a partir de los 70 años del gasto en sanidad, cuidados personales y servicios de apoyo, que en los hogares con dependientes adquiere un carácter estructural y difícilmente ajustable.

La brecha entre ambos tipos de hogares se amplía progresivamente con la edad, reflejando que la intensidad de las necesidades de cuidado aumenta y, con ella, el esfuerzo económico necesario para cubrirlas. Este patrón sugiere que la dependencia introduce un componente de gasto que limita la capacidad de adaptación financiera de los hogares en las etapas más avanzadas del ciclo vital.

Los hogares con dependencia parten de una posición económica más débil

Los hogares con personas en situación de dependencia presentan menores niveles de renta y patrimonio que hogares comparables sin dependencia. Esta brecha persiste tras controlar por edad, sexo, territorio y composición del hogar.

Brecha de renta
Renta disponible por miembro equivalente
Miles de euros, escala OCDE modificada (2023)
Fuente: Afi a partir de IEF. Hogares con sustentador principal mayor de 65 años

La renta de los hogares con dependencia es persistentemente inferior

Entre los hogares mayores de 65 años, aquellos en los que vive una persona en situación de dependencia disponen de forma sistemática de menos ingresos. Esta diferencia se mantiene a lo largo de todo el periodo analizado.

La revalorización de las pensiones conforme a la inflación ha contribuido a sostener los ingresos, pero no ha eliminado la brecha.

El hogar con dependencia tipo en 2023 percibe cerca de 21.000 € de renta bruta disponible: menos del 10% proviene de salarios, mientras que las prestaciones distintas a la pensión representan el 11%.

Las prestaciones por dependencia actúan como mitigador parcial de esta brecha, pero su valor real ha caído un 30% desde 2016.

Patrimonio
Composición del patrimonio del hogar por situación de dependencia
(%, 2023)
Fuente: Afi a partir de IEF. Hogares con sustentador principal mayor de 65, excluyendo top 1%

El patrimonio de los hogares con dependencia está menos diversificado

En términos agregados, los hogares con personas en situación de dependencia presentan un patrimonio bruto promedio de 224.300 €, frente a los 302.500 € de los hogares sin dependencia.

224.300 €
Con dependencia
302.500 €
Sin dependencia

El 80% del patrimonio en hogares con dependencia se concentra en vivienda habitual y depósitos, activos con menor liquidez o menor generación de rentas periódicas.

La diferencia en activos financieros diversificados (fondos, seguros, planes) asciende a 35.000 € promedio a favor de los hogares sin dependencia.

La brecha patrimonial persiste tras controlar por características demográficas y territoriales

Para aislar el efecto de la dependencia, se estima un modelo de regresión que compara hogares equivalentes en edad, sexo, tamaño, tipo de hogar, comunidad autónoma y tipo de contribuyente.

Bajo este enfoque, la brecha patrimonial entre hogares con y sin dependencia se sitúa en torno al 12%, equivalente a aproximadamente 28.000 € menos de patrimonio neto para los hogares con dependencia.

Esta desventaja se ha mantenido relativamente estable a lo largo del periodo analizado, confirmando que existe una desventaja patrimonial estructural asociada a la situación de dependencia, más allá de la composición por edad o territorio.

Brecha ajustada por CCAA
Diferencia de patrimonio neto (dependientes vs. no dependientes)
Patrimonio neto medio ajustado (€), 2016–2023
Fuente: Afi a partir de IEF. Hogares con sustentador principal mayor de 65 años. Controla por edad, sexo, nacionalidad, tamaño y tipo de hogar, comunidad autónoma y tipo de contribuyente

La dependencia erosiona el patrimonio de forma secuencial y progresiva

Mediante técnicas cuasiexperimentales de diferencias en diferencias con tratamiento escalonado (Callaway & Sant'Anna, 2021), se estima el efecto causal de la dependencia sobre el patrimonio, comparando hogares con miembros que inician la percepción de prestaciones económicas frente a hogares comparables.

–4,8%
Patrimonio bruto total Caída agregada, concentrada inicialmente en activos líquidos.
–11,3%
Cuentas y depósitos Mayor impacto relativo. Primera línea de absorción del gasto en cuidados.
–8,4%
Patrimonio financiero total Extensión posterior del ajuste hacia instrumentos menos líquidos.
–9,6%
Patrimonio inmobiliario Efecto retardado por altos costes de transacción y resistencia cultural a vender la vivienda familiar.
Dinámica temporal
Efecto de la dependencia sobre el patrimonio de los hogares a lo largo del tiempo
Variación porcentual (ATT). Años previos y posteriores al inicio de la prestación por dependencia (t=0)
Fuente: Afi a partir de IEF. Estimador Callaway & Sant'Anna (2021)

La secuencia de erosión patrimonial: de la liquidez al ladrillo

Los efectos medios dibujan un deterioro patrimonial gradual y secuencial por liquidez:

Primero los depósitos (más accesibles) → después los activos financieros (instrumentos menos líquidos) → finalmente la vivienda (altos costes de transacción, resistencia cultural)

El patrimonio inmobiliario no se ajusta de forma inmediata. La caída no es estadísticamente significativa hasta el quinto año, cuando la diferencia alcanza el 44,6%. La vivienda es una decisión de última instancia.

Los hogares agotan primero su liquidez inmediata y, conforme avanza la situación de dependencia, se ven obligados a movilizar un espectro cada vez más amplio de activos.

Impacto de la dependencia sobre la salud financiera de los hogares

A continuación se presentan las principales conclusiones derivadas del estudio, acompañadas por recomendaciones dirigidas a administraciones públicas y hogares.

Transición demográfica, reorganización familiar y sostenibilidad del cuidado

1
El envejecimiento tensionará el SAAD, que ya parte de una financiación insuficiente.

España se enfrenta a una expansión estructural de la demanda de cuidados. El SAAD parte de una infrafinanciación relativa frente a Europa, con un gasto público en CLD inferior al 1% del PIB y por debajo de la media UE-27.

2
Los nuevos modelos de hogar reducen la capacidad familiar de asumir cuidados informales.

La reducción del tamaño medio de los hogares, el aumento de hogares unipersonales y la incorporación de las mujeres al mercado laboral obligarán a las familias a recurrir cada vez más a servicios profesionales y soluciones de mercado.

3
El cuidado informal sigue recayendo de forma desproporcionada sobre las mujeres.

Las mujeres asumen una parte desproporcionada de los costes laborales y económicos del cuidado: reducciones de jornada, interrupciones profesionales, menores ingresos y menor capacidad de ahorro y cotización futura.

Recomendaciones
Administraciones públicas
  • Incorporar la dependencia a la planificación presupuestaria, sanitaria y social de largo plazo, con previsiones de gasto, cobertura y necesidades de personal.
  • Reforzar la financiación estructural del SAAD, adecuándola al crecimiento previsto de la demanda y garantizando una cobertura efectiva en tiempo adecuado.
  • Profesionalizar el sector de los cuidados, mejorando condiciones laborales, formación, estabilidad contractual y capacidad de atracción de trabajadores.
  • Ampliar la oferta de servicios profesionales: ayuda a domicilio, centros de día, atención residencial, teleasistencia y apoyo comunitario.
Hogares
  • Integrar el riesgo de dependencia en la planificación financiera familiar, anticipando posibles costes y revisando periódicamente la suficiencia del ahorro acumulado.
  • Anticipar acuerdos familiares sobre reparto de tareas y contribuciones económicas, evitando que el cuidado recaiga en una sola persona.

El impacto de la dependencia sobre los hogares

4
El impacto de la dependencia excede la dimensión estrictamente financiera.

La dependencia tiene importantes consecuencias sobre la organización del hogar, el tiempo disponible de los cuidadores, la conciliación laboral y la salud física y mental de dependientes y cuidadores.

5
Los hogares mayores de 65 años en situación de dependencia tienen menor capacidad económica.

Presentan niveles de renta inferiores a hogares comparables sin dependencia. La brecha, cercana a los 2.000 euros anuales (–8,3%), refleja una posición de partida más vulnerable para afrontar gastos sobrevenidos.

6
Las prestaciones económicas mitigan la brecha, pero no compensan plenamente el sobrecoste del cuidado.

Las prestaciones reducen en un 55% la brecha de renta previa, pero su capacidad protectora resulta limitada frente al coste real del cuidado cuando se incorporan copagos, servicios profesionales y el coste de oportunidad de los cuidadores informales.

7
En promedio, las prestaciones en términos reales se han reducido en la última década.

La cuantía promedio real de las prestaciones ha caído un 30%, consecuencia del aumento relativo de dependientes de menor grado y del efecto de la inflación.

8
La dependencia reduce el patrimonio de los hogares de forma progresiva y secuencial.

Las estimaciones del Panel de Hogares del IEF apuntan a un impacto próximo al –5% sobre el patrimonio bruto respecto a individuos comparables: primero se utiliza la liquidez, después los activos financieros y, en fases prolongadas, puede aparecer presión sobre el patrimonio inmobiliario.

9
La evidencia disponible confirma la necesidad de mejores datos e integración de fuentes de información.

Los datos disponibles siguen siendo insuficientes para observar a todas las personas en situación real de dependencia, medir los costes reales del cuidado y seguir la evolución financiera de los hogares.

Recomendaciones
Administraciones públicas
  • Avanzar hacia sistemas de información más integrados entre dependencia, sanidad, servicios sociales, fiscalidad y patrimonio, desarrollando indicadores del impacto económico real.
  • Mejorar la información disponible para las familias sobre ayudas públicas, deducciones fiscales, prestaciones compatibles y recursos de apoyo.
  • Aumentar la frecuencia de revisión de los grados de dependencia y Programas Individuales de Atención para adaptarlos con mayor agilidad a cada caso.
  • Reforzar la suficiencia de las prestaciones económicas y su actualización periódica, preservando su capacidad de protección frente a la inflación.
  • Priorizar la asignación de servicios profesionales frente a prestaciones monetarias, recurriendo a estas solo cuando no sea posible proveer el servicio.
  • Incorporar el coste de oportunidad de los cuidadores informales —reducciones de jornada, salidas del mercado, menores cotizaciones— en la evaluación económica de la dependencia.
Hogares
  • Explorar instrumentos de previsión y aseguramiento que complementen la cobertura pública: seguros de dependencia, rentas vitalicias u otros mecanismos de generación estable de ingresos.
  • Analizar fórmulas que permitan transformar de forma eficiente el patrimonio inmobiliario en liquidez para financiar cuidados intensivos.
  • Revisar periódicamente el plan de cuidado, ya que la dependencia suele intensificarse con el tiempo y puede requerir reorganización familiar, económica y asistencial.
  • Situar en el centro las preferencias y la autonomía de la persona en situación de dependencia en las decisiones sobre cuidados, uso del patrimonio o permanencia en el domicilio.