Miguel Carballeda

Vender cupón a pie de calle ha sido el mejor máster de toda mi vida

Miguel Carballeda "Para las personas carentes de visión, la radio significa mucho y mi mejor compañía fue un transistor"

Miguel Carballeda, lobo de mar e incansable viajero, ha recorrido un largo camino y ha tenido que superar numerosas dificultades hasta convertirse en presidente de la ONCE.

 

Nació y creció en Pontevedra, “donde fui feliz, como cualquier niño. Tenía más independencia de la que tienen ahora los niños de ciudad, aunque también sufrí mucho. Pero todo eso me ayudó a crecer y convertirme en la persona que soy hoy”.

Desde que era pequeño tuvo problemas de visión, “pero fui superándolos poco a poco. Mi madre se sacrificó mucho y me llevó a varios doctores, un peregrinaje por diferentes ciudades y varias operaciones”.

Además, cuando tenía 15 años tuvo que pasar más de un año en un hospital, prácticamente sin moverse, para salvar un  pequeño resto visual. “Es duro para un chico encerrarse en un hospital y permanecer allí quieto tanto tiempo, y rodeado de gente extraña y con problemas. Aunque también había muchas personas positivas, que trataban de ayudar a todos; de hecho, conocí a alguna de esas personas que marcan y te queda para siempre”, recuerda Carballeda.

Cuando la vida nos pone a prueba, hay que reponerse y sortear los obstáculos para encontrar de nuevo el camino. Y Carballeda así lo hizo: “La radio me salvó de un año durísimo. Aprendí a oír y a escuchar la radio. Al final, mi estancia en el hospital se convirtió también en una etapa de conocimiento y de apertura a la actualidad. Escuchaba radio a todas horas, sobre diferentes temáticas y voces”.  

Cuando salió del hospital, “casi había dejado atrás el niño y prácticamente apareció el adulto. Pero ya siempre con un auricular cerca. Para las personas carentes de visión, la radio significa mucho y mi mejor compañía fue un transistor”, asegura. De hecho, uno de sus recuerdos más bonitos es cuando escuchaba la radio en la cocina con su madre.

En los últimos años, ha tenido nuevos problemas de visión “y cada vez veo un poco menos. A veces, incluso, tengo alguna afección que me provoca pérdida casi total de visión. Entonces, entiendo aún mejor a mis compañeros que no tienen resto visual y les valoró todavía más, si cabe”. Mientras, Carballeda sigue luchando, “como ya lo hizo mi madre”, por tratar de mantener el mayor resto de visión posible, “esa ventanita de luz que lo es todo. Todo el mundo lo haría”.

Vendedor de cupón

Los movimientos migratorios en la España de los años 60 y 70 eran muy normales y la familia de Carballeda, como muchas en esa época, “nos movíamos en busca de oportunidades para vivir mejor. Y Mallorca era esa oportunidad, esa América para un chaval de Pontevedra”.

Una vez allí, y después de trabajar en otras muchas cosas, le ofrecieron vender cupón. Labor que desempeñó durante nueve  años: “Vendí cupón a pie de calle cada día, el mejor máster de formación y conocimiento que he tenido en toda mi vida”.

En 1977, cuando vivía en Mallorca, se afilió a la ONCE. “Pronto descubrí que esto era algo más que una asociación, que era más que una organización con nombre de número, que era mi segunda familia, como lo es para muchos compañeros e incluso, en muchas ocasiones, la primera familia o la única”, señala Carballeda.

Que sirva de ejemplo cómo más de 200 mayores ciegos que viven solos esperan con ilusión la llegada de las “Vacaciones sociales” de la ONCE, un programa que les permite disfrutar y compartir juntos una Navidad en familia en uno de los hoteles de ILUNION. Una de tantas oportunidades de vida que la organización pone cada día a disposición de sus asociados.

“El trabajo de la ONCE y su Fundación, y de todo el sector del asociacionismo de personas con discapacidad, ha sido enorme, sobre todo para mejorar nuestra imagen”, asegura. Todo ello, ha contribuido a que la sociedad comience a normalizar la convivencia con las personas con discapacidad. “Hemos avanzado mucho. A veces, el padre Ángel dice que en la ONCE hemos conseguido pasar de una imagen de beneficencia a una otra de normalidad. Eso ya es un logro enorme, aunque quedan tantas cosas por hacer… Siempre hay que estar alerta para no dar ni un paso atrás”, asegura.

De afición, coleccionista

Cuando vivía en Baleares, comenzó a coleccionar radios. “Un día mi madre llegó a casa con una radio antigua bajo el brazo, que fue el germen de una pasión que se mantiene”, explica.  Actualmente, tiene una de las mejores colecciones de radios antiguas y cuenta con piezas realmente interesantes, “como alguna Atwater Kent, otras que usaban los nazis para aislar al pueblo y negarles la información y una muy especial con relieves de Mickey Mouse del año 38”.

Leer es otra afición de Carballeda que, en su caso, se traduce en escuchar cómo los fantásticos lectores de la ONCE le cuentan las historias y le acercan muchos libros.

Pero, sobre todo, su mayor y más importante pasión es “poder dedicar tiempo a mi mujer y mis hijos”.

Conociendo mundo

Carballeda ha viajado mucho, tanto por placer como por trabajo y, aunque ahora vive en Madrid, “nunca se sabe” si será su destino definitivo. La capital de España le gusta, “pero soy un hombre de mar. Nací en Pontevedra, me crié en Mallorca y siempre tengo ese gusanillo de mar”. De hecho, en su despacho tiene un gran cuadro que es una aguamarina, “que me permite, de vez en cuando, ver ese azul eterno y profundo”. En cualquier caso, siempre que puede se escapa al mar.

Viajar siempre es un placer, “sobre todo conocer gente y sus costumbres, hablar con ellos, poner oído… escuchar. Descubrir rinconcitos muy escondidos y tremendamente impactantes, que se tocan, se huelen, se saborean y se recuerdan siempre. Y, por supuesto, compartirlos con la familia y los amigos”, apunta.

El deporte y las personas con discapacidad

Además de presidente de la ONCE, Miguel Caballeda es también presidente del Comité Paralímpico Español. Y es que el deporte cumple una importante función para las personas con discapacidad. “Siempre hablamos de accesibilidad en el sentido de eliminar un bordillo de una calle o poner una rampa de acceso a un edificio. Pero este concepto va mucho más allá y las personas necesitan también poder integrarse a través del ocio, de la cultura y, muy especialmente, del deporte”, subraya.

En su opinión, es un modelo de normalización en dos sentidos: es capaz de beneficiar a las personas con discapacidad pero, sobre todo, traslada una imagen y un mensaje a la sociedad de lo que las personas con discapacidad son capaces de lograr. “Muchas son las barreras mentales que hemos roto con el deporte paralímpico”, insiste.

La ONCE ha sido Mención Especial en la III edición de los Premios Dependencia y Sociedad de la Fundación Caser 2012 por su importante trayectoria profesional y sin precedente en Europa.